insolito

cortazar

Ésta es la segunda opción:

            Esa primitiva intención consignada en la carta a Barnabé no fue descartada en ningún momento, por lo cual el libro es realmente una continua repetición de lo mismo. Lo que ocurre, entonces, es que Rayuela no es tal como la conocemos;  que el texto, por encima o por debajo de la peripecia de Horacio, está hablando de otra cosa; y que esa confesión hecha a Jean Barnabé está delatando precisamente esos otros contenidos, quizás los genuinos, de la obra.

 

            Es tan sólo desde esta perspectiva, desde esta nueva vía sin hollar, que la carta a Barnabé adquiere la condición de “carta delatora”, pues da a conocer una concepción de la obra absolutamente desconocida hasta el momento.

 

            Esta segunda opción parece completamente descabellada. Las preguntas que se generan dentro de la primera opción no son nada, comparadas con los retos que se nos plantean ahora. Por un lado, esta otra opción desafía cualquier visión anterior sobre Rayuela, ya que ninguno de los cientos de críticos que han comentado la obra –y los ha habido de lúcidos y preclaros- han planteado siquiera la posibilidad de ver el libro de un modo parecido. ¿Acaso deberíamos asumir, a partir de esa idea, que tanto ellos como nosotros hemos estado leyendo Rayuela de forma “equivocada” durante más de cuarenta y cinco años?

 

           Y por si fuera poco, por el otro lado, esta nueva opción choca frontalmente con la evidencia y con el sentido común: ¿Deberíamos asumir también que Cortázar acató sin inmutarse ese equívoco durante los veintiún años que sobrevivió a la fecha de publicación de su libro? ¿Y que nunca dejó escrito nada al respecto, más allá de ese exiguo comentario a Barnabé?

 

            Esas objeciones tienen un peso enorme a la hora de considerar desde la segunda opción lo que se dice en la carta a Barnabé; y sin embargo, cabe señalar que no lo descartan absolutamente. Esta opción es altamente improbable, sin duda, pero ello no significa que sea imposible. Por contra, existe una doble posibilidad: 1) que el argumento lineal, por un lado, sea tan sólo una fachada en la que han chocado hasta hoy todas las miradas, lo cual engañó –y sigue engañando de forma pertinaz- a sus lectores; y 2) que Cortázar, por el otro lado, dispusiera esa fachada con toda la intención del mundo, con un deliberado cálculo, lo cual explicaría su silencio al respecto.

           

            Se trata de un planteamiento insólito, ciertamente; pero ¿debemos descartarlo sólo por eso? Yo digo: frente a lo insólito, seamos audaces. ¡¡Estamos ante una obra de imaginación, no ante un documento científico!! Así pues, ¿qué pecado cometemos si dejamos a un lado lo establecido, si desafiamos lo evidente, si suspendemos el sentido común? En otras palabras: sigamos lo que dice Cortázar en 1960, e intentemos leer Rayuela como la repetición de un episodio y como la crónica de una locura. Si esa posibilidad existe, esa lectura se ofrece como la única forma de aprehenderla. Una posibilidad que supone un esfuerzo, sin duda, y para el cual necesitemos quizás algún motivo añadido. Enseguida surgen las preguntas sobre esa lectura:

           
           
¿Tiene algún sentido plantearla?

            ¿Realmente puede sostenerse tal propuesta interpretativa sobre el texto de Rayuela?

            ¿Merece la pena intentar el esfuerzo?

            Yo respondo: sí a todo. Doy aquí mi testimonio de que esa lectura es posible, es sostenible, tiene sentido y merece la pena. Les digo, incluso, que aumenta hasta lo indecible la ambición y la belleza de esa gran obra que hemos conocido hasta hoy bajo un solo y limitado aspecto.

 

           Ahora mismo no puedo ofrecerles ninguna garantía para este testimonio, ni explicarles los motivos de tal restricción; sólo cabe esperar que ustedes se sientan inducidos a releer Rayuela, llevados por la mera sospecha de que lo dicho por Cortázar en 1960 pueda ser cierto. Ese es en verdad mi único propósito: que busquen las respuestas a esas preguntas por ustedes mismos. Para ello tan sólo necesitan tiempo, aplicación, y un ejemplar de Rayuela. El texto de esta obra procura por sí mismo la información necesaria para realizar esa lectura. Aunque no pretendo ocultarles que los retos que plantea esta nueva lectura de Rayuela son dignos de quien escribió el libro: un lector empedernido que atesoraba un bagaje cultural inmenso, y que concebió un juego textual de una dificultad extrema.

El Expediente Amarillo

 

            Para emprender la nueva lectura de Rayuela necesitan ustedes tiempo, aplicación y un ejemplar del libro; aunque también, si lo desean, y dada la gran dificultad que presenta el asunto, pueden acceder al Expediente Amarillo. Este Expediente es un documento de unas cincuenta páginas que expone ciertas cuestiones de relativa importancia vinculadas con la nueva lectura de Rayuela tal como la hemos planteado aquí, y que aporta algunos instrumentos útiles de cara a emprenderla. Está escrito por mí mismo, aunque siempre sobre una selección de textos de Cortázar, relacionados todos ellos con Rayuela (fragmentos del libro, esbozos, fragmentos descartados, correspondencia, etcétera), y cuya reunión permite escuchar aquello que Cortázar nunca dijo abiertamente sobre su obra más importante.

 

            Puede verse el Expediente como una ampliación y un desarrollo de esta misma Introducción, y como tal ampliación despliega diversos argumentos, más allá de la “carta delatora”, para vencer los posibles reparos y resistencias ante lo insólito y lo novedoso. A la sazón, debo advertirles dos cuestiones relacionadas con la lectura de este documento:

 

            Por un lado, el Expediente Amarillo no pretende para nada sustituir el esfuerzo con que un lector activo debiera asumir la nueva lectura del libro En ese sentido, es posible que muchos de ustedes se sientan decepcionados ante el grado de concreción de que hace gala ese documento, considerándolo demasiado escaso. Puedo decir que ello no me preocupa mayormente.

             

fragmento2

           Por otro lado, y pese a lo dicho, sí es cierto que el Expedinte Amarillo rebaja –aunque tan sólo un punto- las dificultades que esta nueva lectura presenta. El Expediente Amarillo, efectivamente, realiza vicariamente una pequeña parte de una tarea que, tal como planeó Cortázar en su momento, incumbe únicamente al lector del libro. En este otro sentido, es posible que algunos de ustedes lleguen a deplorar mi mediación de cara a esa lectura, considerando, al contrario que en el caso anterior, que digo demasiadas cosas. Este reparo está plenamente justificado, y aquí sí que me preocupo un poco. ¿Acaso Cortázar concibió en su momento la necesidad de un mediador entre su obra y el lector? Para nada; no hay ningún texto del autor argentino que dé crédito a esta posibilidad, más bien al contrario. En función de ello voy a justificar mi intervención en el asunto: y es que mi mediación responde al hecho de que la recepción actual de Rayuela está viciada por una rutina consolidada durante más de cuarenta y cinco años, como una losa cuyo peso ahoga la mera posibilidad de una nueva lectura de la obra. Se hace preciso un gesto, por tanto, que rompa con esa rutina, que aparte a un lado esa losa, y que permita acceder a dimensiones hasta hoy desconocidas del sentido de la obra.  Es únicamente ese gesto, con mayor o menor acierto, lo que queda recogido en el Expediente Amarillo.

 

 

 

           Como adquirir el Expediente Amarillo: Por razones que ahora no vienen al caso, el Expediente Amarillo no puede circular abiertamente por la Red, ni divulgarse por cualquier otro medio de comunicación pública. Su transmisión es estrictamente confidencial; de modo que, si usted quisiera proveerse del mismo, debe solicitarlo enviando un mensaje a la dirección electrónica que se indica al final de este escrito.

 

            En su mensaje deberá detallar cuál ha sido su relación con Rayuela: cuántas lecturas, en qué opciones, en qué edad, con qué efectos, y tantos otros detalles biográficos como desee usted añadir, incluyendo si ha realizado algún estudio sobre la obra –y en tal caso, en qué ha consistido-. Tras cumplir con ese sencillo requisito, recibirá usted el Expediente Amarillo por correo electrónico, de forma totalmente gratuita.

 

Por mi parte, nada más les digo en esta Introducción. Sea cuál sea su decisión al respecto, les deseo suerte, y les saludo.

 

La dirección es: jorge_fraga@hotmail.es

 

 

Elementos para una Teoría del Entusiasmo. Conexión con el blog de Jorge Fraga

 

 

Pinturas y dibujos: Paisajes interiores de RAYUELA de Jorge Sarraute
web: Montse Pons